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25 de Noviembre de 2025
La explosión que arrasó el Polo Industrial Spegazzini el último viernes sigue dejando al descubierto una gravedad que supera con creces la versión oficial. Gracias a información obtenida por equipos especializados en el lugar y acceso exclusivo a material fotográfico inédito, Total News Agency reconstruyó fallas técnicas, omisiones críticas y elementos sensibles que podrían modificar por completo el rumbo de la investigación judicial sobre lo ocurrido en el complejo administrado por Martín Rapallini.
El estallido que dejó más de veinte heridos y daños en un radio de casi quince kilómetros tuvo su origen en la planta de Logischem S.A., donde se almacenaban sustancias inflamables y contenedores de alta capacidad. Aunque los primeros peritajes apuntaron al fósforo rojo como posible causa, la magnitud de la onda expansiva, la profundidad del cráter y el patrón de destrucción indican que intervino un material mucho más potente.
Operarios que declararon sobre la explosión del 14 de noviembre relataron que uno de los recipientes ya presentaba una fuga de químicos: fósforo sólido, aluminio, cianuro y otros compuestos tóxicos y oxidantes. Una de las piezas analizadas pesa cerca de cinco kilos, tiene una soldadura visible y un espesor cercano al centímetro, muy por encima de los cinco o seis milímetros exigidos por normativa para depósitos presurizados de más de 1,80 metros de diámetro. Un espesor mayor implica mayor diámetro, contención más compleja y, en consecuencia, esquirlas que no coinciden con la estructura de los galpones. Este detalle refuerza la hipótesis de una falla estructural severa o el uso de contenedores inadecuados para almacenar sustancias de alta energía.
Especialistas que trabajaron en el predio confirmaron que el cráter principal mide unos tres metros de profundidad y un metro y medio de diámetro. Desde allí parte una depresión lineal que se extiende alrededor de quince metros. Según los técnicos, el contenedor habría funcionado como una “carga hueca”: cayó en el hueco inicial, hizo tope y liberó la energía hacia el lateral más débil, generando un efecto de expansión que coincide con los daños observados.
Pero las anomalías no terminan ahí. Según pudo confirmar TNA, un día antes del desastre una dotación de bomberos de la Policía de Ezeiza acudió al predio por un aviso de fuga. La empresa no habría permitido una inspección completa, se labró un acta que hoy no aparece y no se notificó a organismos provinciales como Policía Ecológica, Medio Ambiente o Habilitación Industrial. Ese silencio tanto de la planta como de la fuerza policial es, como mínimo, llamativo.
A esto se suma un dato inquietante: meses atrás se habrían almacenado en el complejo materiales vinculados a la fabricación de combustible para cohetes utilizados por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). No está confirmado si esos materiales estaban presentes al momento de la explosión, pero la sola posibilidad abre un interrogante delicado.
La potencia del estallido llevó a algunos especialistas a sugerir la presencia de Nitrato de Amonio, un compuesto cuyo control sigue siendo deficiente en Argentina pese a antecedentes como la voladura de la AMIA. La fiscalía deberá determinar si alguno de estos materiales estaba en el predio y si alguna empresa operaba para proveedores vinculados al organismo aeroespacial. En un contexto geopolítico sensible, el robo o desvío de este tipo de sustancias podría tener consecuencias impredecibles.
Mientras tanto, la hipótesis oficial basada en el fósforo rojo muestra inconsistencias. Aun cuando esta sustancia pueda transformarse en fósforo blanco a más de 500 grados en atmósfera inerte, expertos consultados señalan que, por sí sola, no explica una detonación de esta magnitud: “Es evidente que había algo mucho más poderoso”, indicó un especialista que pidió reserva de identidad. La UFI 1 de Ezeiza analiza restos recuperados, mapas térmicos, residuos y sistemas de supresión, pero la presencia de personal pericial “muy joven y con poca experiencia”, según fuentes del operativo, despierta dudas sobre la profundidad técnica de la investigación.
A la destrucción total de varias naves industriales se suma un patrón de expansión que alcanzó a Iron Mountain Argentina, Larroca Minera, Almacén de Frío, depósitos de plásticos y químicos, y otros establecimientos cercanos. Más de setenta dotaciones combatieron durante horas un incendio alimentado por solventes, agroquímicos y polímeros altamente inflamables, en una infraestructura liviana que facilitó la propagación.
La pregunta clave sigue sin respuesta: ¿qué explotó realmente en Ezeiza y por qué?
Los datos exclusivos obtenidos por TNA esquirlas, fotografías inéditas, fallas previas ignoradas, posible material aeronáutico involucrado y testimonios técnicos obligan a revisar la hipótesis inicial y exigen una pericia profunda, independiente y con especialistas de mayor nivel. La magnitud del daño y la cadena de omisiones previas configuran un escenario que excede ampliamente un simple incendio industrial.
Nde la R: La explosión se expandió en todas las direcciones, compactó la tierra dejando el cráter y luego se dispersó en el aire. Para determinar el origen se deben lavar los residuos con distintos solventes, dejarlos evaporar y analizar el material restante en un espectrómetro de masa, identificando así los compuestos originales.
Ampliaremos.
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